Cada vez son más las personas que, cansadas del ruido y la polución, se trasladan a las afueras para vivir en casas ajardinadas. También las que residen en la ciudad y deciden crear su propio jardín o huerto urbano. O las que buscan residencias próximas a parques. Hacen bien. Vivir cerca de recintos y zonas ajardinadas tiene múltiples beneficios para nuestra salud y la del planeta.
No somos los únicos que lo decimos. Según un estudio publicado en la revista The Lancet Planetary Health, esidir cerca de zonas verdes reduce el riesgo a morir de forma prematura. También, de sufrir enfermedades como el cáncer de mama.
Pero estos, aunque importantes, no son los únicos beneficios que tiene habitar rodeado de naturaleza.
Mejora nuestro sistema inmunitario
Disponer de un sistema inmune fuerte es clave para disfrutar de una buena salud. Para conseguirlo, es necesario alimentarse de forma saludable, hacer ejercicio de forma habitual y dormir bien. También, vivir cera de recintos y zonas ajardinadas. Lo expone un estudio publicado en la revista Science Advances, que habla sobre la biodiversidad que se encuentra en las áreas verdes. Cuenta que hacerlo favorece a tener una microbiota intestinal rica y, por tanto, un sistema immune más fuerte.
Reduce la ansiedad y el estrés
Muy relacionado con el punto anterior e igual de importante para nuestro bienestar. Y es que, aunque no lo percibamos, el estado frenético en el que vivimos nos resta tranquilidad y calidad de vida. Residir cerca de la naturaleza o de recintos y zonas ajardinadas ejerce un efecto relajante sobre nosotros y nos ayuda a reducir tanto la ansiedad como el estrés. Dos de los grandes enemigos de nuestra salud.

Limpia el aire que respiramos
No es un secreto: la calidad del aire que respiramos es clave para nuestra salud. Cuanto más limpio sea, menos riesgo de sufrir enfermedades respiratorias tendremos. De ahí que sea tan importante que las zonas verdes proliferen en las áreas urbanas. Según un estudio realizado por el Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales (ICTA-UAB) y del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF) no solo ayudan a reducir los contaminantes, también a capturar CO₂ y filtrar el aire.
Estimula la interacción social
Aunque el trabajo y las obligaciones diarias nos impidan quedar con familiares y amigos, los humanos somos seres sociales por naturaleza. Relacionarnos forma parte de nuestro ADN y, no hacerlo, repercute negativamente en nuestra salud física y emocional.
Está demostrado que cuanta más interacción social tengamos, menos riesgo de sufrir enfermedades infecciosas, estrés o alteraciones de carácter hormonal. También que vivir cerca de recintos y zonas ajardinadas estimula las relaciones personales y, por tanto, sus beneficios.
Favorece la actividad física
De la misma forma que vivir cerca de la playa nos invita a nadar, hacerlo cerca de zonas verdes nos anima a pasear, dar una vuelta en bici o practicar deportes tan variados como el running, el fútbol, el baloncesto, o el patinaje.
Unos hábitos que, además de ayudar a mantenernos en forma y reducir el riesgo a sufrir enfermedades cardiovasculares y metabólicas, mejora nuestro estado de ánimo y la calidad de nuestro sueño