Durante la infancia, los niños y niñas están expuestos a nuevos conocimientos, experiencias y estímulos que marcarán su personalidad y su vida. Aprenden desde la imitación pero también desde la experimentación y el juego. Toman ejemplo, repiten conductas y las adoptan como propias. Algunas son buenas; otras no tanto. En este punto es cuando surgen dudas entre las familias: ¿Cómo conseguir que los pequeños de casa adquieran buenos comportamientos? Aunque existan diferentes herramientas para ello, el refuerzo positivo destaca por su efectividad y sus beneficios.

¿Qué es exactamente el refuerzo positivo?

Se trata de una técnica cuyo objetivo es crear o mantener comportamientos mediante estímulos positivos. Estos estímulos o recompensas pueden ser materiales pero también verbales. Es decir, buscan que el niño o niña vuelva a repetir una acción incidiendo en lo que ha hecho bien y gratificando el esfuerzo con un elogio o un incentivo (una pegatina verde, un abrazo, un choque de manos, etc.).

Justamente en el lado opuesto encontramos el refuerzo negativo, es decir, la técnica educacional que pone el foco en la acción que los niños han hecho mal para que esta conducta no se vuelva a repetir. Normalmente, la sanción o el “castigo” son las herramientas más utilizadas para conseguirlo.

Por ejemplo, si queremos que un niño o niña use una servilleta para limpiarse las manos y la boca, podemos actuar de dos formas. Por una parte, desaprobar su conducta cuando se limpia con la camiseta, o, por otra, elogiarla cuando hace uso del papel. La segunda opción es más efectiva y más duradera a largo plazo porque, además de conseguir que repita esta acción y la mantenga en el tiempo, también contribuye a crearle una alta autoestima.

¿Refuerzo positivo y premio son lo mismo?

Aunque muchos tienden a confundir ambos términos, no son lo mismo. Como hemos explicado, el refuerzo positivo puede consistir en ofrecer una pegatina verde cada vez que el niño realiza la acción deseada, pero también puede serlo una palabra agradable o un elogio, un choque de manos o un abrazo. De hecho, plantear el refuerzo como premio tiene más efectos negativos que positivos. El niño o niña espera que, después de una buena conducta, venga una recompensa en forma de premio y, si no lo recibe, se frustra y su autoestima se ve reducida.

Por tanto, es mejor optar por refuerzos no materiales que sean un estímulo para el niño o la niña: Un guiño, una sonrisa, una palabra amable, una experiencia en familia… De este modo, estimularemos la acción sin caer en el “chantaje”.

¿Cómo aplicar el refuerzo positivo para que sea efectivo?

Como hemos afirmado anteriormente, ni todos los refuerzos son positivos ni todas las recompensas son idóneas. Para que tengan el efecto que deseamos, deben ser aplicadas:

  • Inmediatamente después de la conducta deseada: Solo así, el niño entenderá que el refuerzo responde a una acción o comportamiento concreto.
  • Después de una breve argumentación: No se trata únicamente de reforzar la conducta con una palabra o acción, también de explicar el porqué de la recompensa. Los niños deben saber en todo momento qué es lo que están haciendo bien y, en el caso de tratarse de un comportamiento repetido en el tiempo, hacer memoria para que se den cuenta de su progreso. Por ejemplo, si están aprendiendo a vestirse solos, les podemos decir: “Hace unos meses no sabías abrocharte la camisa y fíjate ahora que bien lo haces”.
  • Con moderación: No se trata de elogiar a nuestro hijo o hija cada vez que tiene una conducta apropiada ni de hacerlo desmesuradamente, exagerando nuestra reacción o comportamiento. Demasiados elogios pueden ser contraproducentes, ya que pueden hacer que los niños y niñas los necesiten para realizar una acción concreta o para sentirse seguros de sí mismos. Ser sincero y mostrar tu alegría o aprobación cada vez que consideres que la acción lo merece es cómo el refuerzo positivo debería aplicarse si se quiere el efecto deseado. Por ejemplo, si tu hijo o hija te ayuda a limpiar, a poner la mesa o a cocinar puedes decirle: “Gracias por ayudarme a hacer la comida. ¿Y si lo celebramos viendo una película que nos guste?”.
  • Hasta que adopte el comportamiento como propio: Los niños y niñas aprenden muy rápidamente, pero no de un día para otro. Lo más probable es que tengas que aplicar la técnica de reforzar una misma conducta hasta que la asuma como propia.
¿Qué beneficios tiene el refuerzo positivo?

Si se plantea correctamente, el refuerzo positivo tiene varios beneficios para el niño o niña:

  • Aumenta su motivación: Los pequeños -y también los adultos- se sienten motivados a repetir una conducta cuando saben que esta es valorada y reconocida.
  • Refuerza su autoestima: Si les señalamos y valoramos lo que hacen bien, su percepción sobre sí mismos/as aumenta y, con ello, su autoestima. Por el contrario, si incidimos en lo que hacen mal y los castigamos, solo conseguiremos que su motivación y su autoestima decaiga.
  • Estimula su esfuerzo:Cuando destacamos y valoramos una conducta, no solo reconocemos la acción en sí misma sino también el esfuerzo que ha hecho para realizarla.
  • Consolida conocimientos:Como hemos comentado, el refuerzo positivo pone el foco en aquellos comportamientos y acciones que queremos que se mantengan o repitan en el tiempo. El niño o niña aprende, a través del refuerzo y la argumentación, qué actitudes son apropiadas y por qué.
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